El nivel de disciplina en el rendimiento académico no es algo negociable. No hay atajos para la ganancia de conocimientos. Se requiere tiempo y dedicación.
Los tiempos cambian y los alumnos también. Cada día es más frecuente el descontento que existe entre muchos maestros y maestras, a cerca de lo difícil que es conseguir que los niños atiendan y estén adecuadamente atentos en clase.
No hay un solo educador que no haya sufrido este problema en su aula. Móviles, Tablet, redes sociales… Estas nuevas formas de ocio y de relación, son manantiales de alicientes que favorecen las distracciones en muchos alumnos y alumnas, tanto dentro como fuera de clase.
Como padres, hemos olvidado la importancia del silencio, esa calma que sana y nutre, especialmente cuando lo sentimos en nuestro interior. Escapamos del mismo para evitar el contacto con el auténtico sentido de la vida. En cambio, nos llenamos de ruido y actividad para que nos entretengan.
Y eso es lo que le estamos transmitiendo a nuestros pequeños, ruido, ocio y pereza. Un niño que no presta la atención debida en clase, no aprende.
El tipo de vida actual ofrece mensajes contradictorios a los alumnos. Por un lado, en las redes, en la calle… aprenden que el éxito y el dinero no tienen que ver con el esfuerzo, mientras que, en el aula, los maestros les dicen todo lo contrario. Que se esfuercen, que todo buen resultado llegará con dedicación y trabajo.
El nivel de disciplina en el rendimiento académico no es algo negociable. No hay atajos para la ganancia de conocimientos. Se requiere tiempo y dedicación.
Son los padres los que deben enseñar esa cultura del esfuerzo a sus hijos, pero que en familias donde los progenitores, cada vez pasan menos tiempo con ellos, es muy difícil. Pero, Intentarlo vale la pena, y lo es por la educación y futuro de los pequeños.
Muchas gracias. ¡Salud, suerte y hasta la próxima!
