La reflexión nunca sobra. Reflexionemos por un momento qué clase de hijos les estamos entregando a la sociedad.
La educación comienza desde muy temprano, pero comienza en casa. Debe y tiene que ser enseñada constantemente por usted y los otros miembros de la familia.
La vida nos enseña que, sí, existen palabras mágicas, palabras muy asombrosas. Palabras como: por favor, gracias, de nada…, Cuando se usan diariamente en el hogar, todos los miembros de la familia las aprenden y a su vez las utilizan.
Una vez que un niño aprende que “por favor” es más eficaz que hacer una exigencia, convierte su uso en parte de su vocabulario. De hecho, en la edad preescolar, debe saber que “por favor” es la manera aceptable de pedir lo que quiere.
Toda educación comienza en casa. Los niños aprenden mediante el ejemplo. De nada vale pretender que los pequeños conozcan un valor si no ve el mismo comportamiento reflejado en la actitud de sus padres. No solo se trata de enseñar cada valor, sino de cargarlo de significado práctico.
No me canso de repetir, aquí en este medio, que la enseñanza de cualquier valor en los hijos no es responsabilidad solo de los maestros y profesores, que la tienen, es algo que les compete muy de cerca también a los padres.
Que cada uno sepa y haga su parte lo mejor que sabe. Que los hijos respeten y admitan el valor y el trabajo de cuidarlos día a día. Que los padres recuerden lo duro que fue para los abuelos sacarlos adelante en otros tiempos.
La reflexión nunca sobra. Reflexionemos por un momento qué clase de hijos les estamos entregando a la sociedad.
Muchas gracias. ¡Salud, suerte y hasta la próxima!
